Fernando Fernández: “Las amenazas en Venezuela duplican la valentía de la sociedad”

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Fernando Fernández, activista y experto en derechos humanos, ex presidente del Comité Ejecutivo de Amnistía Internacional Venezuela, opina que en el país hay dos Estados opuestos que generan en la población problemas cognitivos que incluso pueden conllevar a la locura y la desesperación, por lo que recomienda generar mecanismos de defensa similares a cuando hay una enfermedad. Sin embargo, es un confeso creyente en la fuerza de la sociedad civil y no duda que de su auge y resiliencia surgirán los cambios que requiere el país

Por Ingrid Orjuela                                                                                                                                            @ingridpilar

“En Venezuela las amenazas a la sociedad civil, en vez de causar temor, más bien generan un ‘efecto contagio’, porque la valentía se duplica, se multiplica el activismo como mecanismo de defensa de la sociedad”.

La frase corresponde a alguien que conoce a fondo el trabajo de activismo y defensa de derechos humanos en el país, tanto por el ejercicio de esta labor desde hace décadas como por su amplia experiencia académica y legal en la materia. Se trata de Fernando Fernández, abogado penalista, especialista en derechos humanos y ex presidente del Comité Ejecutivo de Amnistía Internacional Venezuela, organización donde además ejerció otros importantes cargos.

Fernández reconoce que la “valentía” es un elemento que caracteriza a quienes se dedican a esta labor actualmente en Venezuela: “El trabajo de los defensores siempre va a estar amenazado, aun en las democracias formales el activismo tiene sus riesgos, pero en el campo de reinventarnos y buscar nuevas formas los venezolanos tenemos una capacidad innata, nuestro gen es el de Eudomar Santos: “Como vaya viniendo vamos viendo”, improvisamos, generamos repuestas proactivas y eso es una riqueza muy grande. Hay una campaña universal hacia los defensores de derechos humanos que se llama “Valientes” y en nuestro caso es precisamente por la valentía del que defiende los procesos y a las víctimas; la valentía de confrontar el poder, de seguir dando conferencias, foros y declaraciones pese a las amenazas, sobre todo ante el hecho de que los defensores en Venezuela son (o somos) blanco de agresiones de diversos tipos”.

Quien también ha sido facilitador en cursos sobre Derecho Penal Internacional y el Protocolo de Estambul contra la Tortura, además de docente universitario de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Monteávila y el Instituto de Estudios Superiores de Administrativos (IESA), opina que aun cuando la presión de la comunidad internacional es importante y representa hasta cierto punto la esperanza para impulsar los cambios que conlleven al restablecimiento de la democracia en Venezuela, advierte que esa presión no es ni será suficiente sin el activismo y la resiliencia de la sociedad venezolana: “Eso es fundamental, porque internamente la sociedad debe preparase para esa transición”.

Fernández coincide con la mayoría de las voces que alertan el creciente deterioro en el respeto a los derechos humanos en Venezuela: “Estamos viendo una emergencia humanitaria compleja. ¿Y qué quiere decir eso? Para comprenderlo hay que tener claras las emergencias humanitarias comunes: cuando son causadas por un fenómeno natural, por ejemplo un terremoto, un huracán, un deslave, un tsunami; y también durante las guerras, pero ahora hemos visto que por intervención del ser humano, sobre todo de los Estados, están presentes otros tipos de emergencias humanitarias, y se definen como complejas porque se deben a factores políticos que no suelen ser comunes cuando hay democracia, estabilidad, seguridad jurídica y de la propiedad privada, lo cual está ausente actualmente en Venezuela y con rasgos muy graves de fallas del Estado que no puede garantizar la vida, la propiedad, la justicia…”.

—¿Por qué el gobierno lo permite e incluso fomenta cuando eso lo perjudica?

—No le importa porque está tratando de implantar un modelo, en 1999 cambió la Constitución para implantar la socialdemocracia, que aun con sus fallas era democrática, con una serie de valores sociales por lo menos de 50%, no una enorme plenitud como era lo deseable, pero no era lo que vivimos ahora, cuando el porcentaje democrático está reducido a cero. Entonces, además hay un dualismo estatal, un conflicto interno que confunde Estado y Gobierno, hay un conflicto de intereses patente, lacerante y flagrante pero de enorme complejidad; por ejemplo, ¿qué está vigente la Constitución o las leyes habilitantes? Hay dos Estados totalmente opuestos que generan en la población problemas cognitivos e incluso pueden conllevar hasta la locura y la desesperación. Por ejemplo, ¿por qué casi la mitad de la población admite que quiere migrar? Porque no soportan ni psicológica ni económicamente la situación, entonces buscan salir incluso de manera desesperada, por ello vemos esas oleadas que se van hacia Cúcuta o salen por Zulia o desde el sur del país hacia Brasil, y vemos chorros grandes de venezolanos en Chile, México, Brasil, otros buscan cruzar el pozo hacia Estados Unidos y Europa de manera muy desordenada y sin tener base legal ni económica para sobrevivir. Sin embargo, son personas que sufren atraviesa por el síndrome de Ulises, porque quieren volver, pues sufren mucho, incluso cuando están en las mejores condiciones.

—Las actuaciones del gobierno hacen que el país esté cada vez más aislado, pero aun así avanza en su sistema sin importarle las consecuencias…

—Básicamente porque ellos tienen su plan. Cuando la Constituyente saque la nueva Constitución se instaurará plenamente el Estado socialista, ya intentaron hacerlo en 2007 e incluso en 1999 pero en ambos momentos la sociedad reaccionó y no lo permitió, por eso lo han ido aplicando poco a poco. Por eso creo que es importante apelar a la población que se quiere ir del país y a la que se quiere quedar, a los que se fueron y quieren volver, a los que regresaron porque no soportaron estar fuera o a los inversionistas que regresaron luego de haber multiplicado su capital y ver ciertas opciones de reinvertir en su propio país. Ellos, todos como sociedad civil, impedirán que el gobierno logre su cometido.

—Con el llamado a elecciones anticipadas ¿qué se avizora en el país?

—Pienso que eso va a ser un fracaso, igual que lo fue la Constituyente porque nadie lo va a reconocer, ni la sociedad venezolana ni internacionalmente, y cada día se hace más patente el autoritarismo del gobierno. Ante el eventual triunfo de Nicolás Maduro el caos general sería peor, la crisis humanitaria se agudizaría, así como la violación a los derechos humanos.

—¿Cómo hacer para blindarnos ante esa mayor debacle?

—Es un proceso muy complicado que requiere una dosis de resiliencia de la sociedad civil, por eso es tan importante el activismo que está dando vuelo, incluso la gente que se ha ido del país nunca había estado tan politizada como ahora; es impresionante el nivel de conciencia, ¡es un fenómeno! Y eso tiene impacto moral en el gobierno. El caso venezolano tendrá que ser estudiado durante décadas, el activismo va a generar un cambio. Lo otro es que debemos generar mecanismos de defensa como cuando hay una enfermedad, acciones pacíficas que conlleven a una transición y, más aún, a la reconstrucción del país, y una de las cosas que hay que hacer es reorganizar a las víctimas para que tengan la fuerza, la capacidad, la entereza de denunciar como ha ocurrido en Alemania, que tiene desde 1946 buscando justicia en procesos judiciales donde las víctimas han tenido mucho qué decir. Cada caso que ocurra aquí en el país tiene que registrarse y plasmarse en un documento para luego llevar todo eso a juicio, aunque digan que no porque ese ‘no’ obra en contra de quien dé esa negativa. Hay que ir a una instancia internacional porque todos estos crímenes que han venido ocurriendo son de jurisdicción universal y no prescriben, pero incluso los juicios pueden hacerse acá cuando haya esa transición. Otra cosa importante es que hay que recuperar la institucionalización de los partidos políticos, pues si tenían fallas en el pasado hay que mejorarlos, pero no erradicarlos, ellos son parte de la democracia.

¿Cómo ve el futuro en Venezuela?

—Muy difícil, lleno a amenazas, una enorme incertidumbre, pero ante eso somos menos vulnerables aunque haya quienes piensen lo contrario, y una muestra de ello es la cantidad de situaciones intensas que ha habido en las comunidades de casi todo el país desde que comenzó el año porque cada vez el Estado es más incompetente y queda más en evidencia. La gente no está dispuesta a tolerarlo.

—Pero ante eso el gobierno es más represor, ahora incluso aplica la ley contra el odio contra la gente que protesta…

—Sí, es su forma de contener esas manifestaciones de la sociedad, y la ley para el odio, como le llamo, no contra el odio, fomenta el odio más letal, que es el de clases; claro, con el ingrediente que en Venezuela no hay pena de muerte y que en esta época todo se sabe a través de las redes sociales. Esas dos cosas han impedido que ejercer la violencia desatada, y realmente no creo que lleguen a eso.

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