Recorrer Venezuela no está fácil pero sí es posible

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Viajar es como amar, cuando quieres es posible, cuando no, las excusas sobran

Por José Fonseca                                                                                                       @JFonseca

En una Venezuela donde el pesimismo está al orden del día y los problemas cotidianos parecen congelar nuestras ilusiones viajar ha de ser toda una aventura. Y creo que el mejor consejo es que te dispongas a disfrutarla. Realmente hay dificultades de transporte, por un lado conseguir boleto es bien complicado ya que hay pocas unidades, hay escasez de combustible, inseguridad, y la falta de efectivo.

En mi último viaje a Mérida viví un viaje fuera de serie. Pasé todo el día buscando boleto y no encontré; pero necesitaba moverme desde Barquisimeto hasta Mérida, por eso hice mi mochila y me fui al terminal, algo resolvería allá, y era de noche. Busqué primero el Vigía, pero no había nada, luego intenté colocarme en lista de espera para Mérida (a veces quedan puestos libres de pasajeros que nunca llegan y los venden. Un consejo es que pidan una rebaja en estos casos porque esos boletos por lo general son mucho más caros y son vendidos al primero que llegue), a la final no conseguía nada para poder irme. Algo raro llamó mi atención, el terminal estaba lleno de personas con maletas grandes, cosas artesanales para vender, luego me di cuenta de que todos viajaban a Cúcuta, Colombia.

Al rato logré sitio para irme a Barinas, pero de pie; al entrar al bus lo veo lleno de cosas: cavas, artesanías, plásticos, etcétera. Comenzó el camino y una muchacha de baja estatura me agarró del brazo porque no alcanzaba al barandal. Me río, ella también, pero un “no sé que” nos llena de confianza y al final terminamos hablando de su trabajo, es acompañante de caballeros y, bueno, charlando el viaje se nos fue rapidito. ¡Cuántas historias se pueden encontrar en el camino! Al bajar fui a comprar un café, eran las 2:00 am. Le pregunto al vendedor dónde agarro el bus hasta Mérida, él me mira y me dice, “hijo, ese bus empieza a cargar a las 3 de la mañana y es por allá, pero espere acá hasta que empiece a cargar (siempre hagan caso a la gente local, ellos saben sus realidades).

“Veo que en un tiempo exportamos cacao, luego petróleo, al parecer ahora exportamos venezolanos”.

A eso de las 3:30 am logró tomar el bus para irme a Mérida, al fin tranquilo a mi destino, y cuando casi estaba por dormirme una luz me encandiló. “¡Cédula ciudadano!” me indican, era una alcabala, teníamos que bajarnos y bajar las maletas que las revisaron una por una, eso nos llevó una hora en ese procedimiento. Todo con normalidad, cansado pero al fin llegamos a nuestro destino, Mérida. Bueno, al menos yo, otros siguieron a Táchira para de allí irse a Cúcuta.

Fue un largo viaje, pero es que Venezuela lo vale. Viajar es como amar, cuando quieres lo haces, no importan los obstáculos, pero cuando no, al primer problema desistes. Si bien yo mismo tuve que dejar mi viajadera por estos problemas, creo en el turismo en nuestro país. Cuando llegues a una posada y te den un café ¡disfrútalo y agradecelo! Tal vez esté sin azúcar, pero detrás de cada arepa, taza de café y servicio hay una historia de sacrificio que ha hecho ese posadero por sus huéspedes estén a gusto.

Mi deseo para 2018 es que viajemos mucho más… Hay muchas #RutaAlternas en las que jóvenes emprenden, en las que la comunidad se ha unido para hacer destinos sostenibles y sustentables. Vamos a conocer nuestro país. Vamos a apoyar Venezuela. Seguimos viajando.

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