La vida en la década de los noventa (y un poco antes)

0

Antes de que llegarán los 2000 y la triple w vivíamos en un mundo analógico con problemas analógicos. Conocerse, reunirse, entrar a una comunidad o grupo, enviar documentos de trabajo y una gran cantidad de actividades requerían la presencia física

Marta Gaba                                                                                                                                                 @martagaba

Situémonos en 1991. Un año tomado al azar. En la radio se escuchaba “Ice Ice Baby”, Erasure arrasaba entre el público joven y “3 am eternal” de KLF era prohibido para su difusión en la BBC durante la Guerra del Golfo porque comenzaba con una ráfaga de ametralladora.

La mayor parte de la humanidad vivía en un mundo analógico. Recién hacía dos años desde que Tim Berners-Lee había inventado algo llamado World Wide Web y todavía faltaban cuatro años para que Larry Page y Sergei Brin (los inventores de Google) se conocieran. Mark Zuckerberg tenía siete años de edad.

Yahoo nace en 1995 y Hotmail en 1996.

Como decía, vivíamos en un mundo analógico con problemas analógicos. Si yo quería conocer a una persona que era amiga de un conocido mío se lo comentaba a él/ella y se arreglaba el modo en que podíamos conocernos. No era fácil conseguir contactos profesionales. Había que asistir a reuniones y congresos, repartir tarjetas, lograr que alguna publicación aceptara nuestros escritos. Había que trasladarse físicamente, se podía tener solo una reunión o conversación por vez y para enviar propuestas o proyectos a alguien debíamos escribirlo en un papel y mandarlo por correo postal o fax.

Pero ahora tenemos una vida disociada entre el mundo analógico y el digital. Nuestras horas transcurren entre encuentros físicos y digitales, y atravesamos las fronteras desde un mundo regulado a otro que, en principio, no lo es.

Cuando creamos un grupo en Facebook, en Google o en cualquier sitio de Internet estamos creando una comunidad en la que se consensuan las políticas o se adhiere a ellas (si nos unimos con posterioridad). Los miembros del grupo deciden quién ingresa y quién no, y organizan dispositivos de control y vigilancia. También establecen mecanismos internos de reconocimiento.

En este mundo digital aparece una serie de prácticas que no eran conocidas en el analógico y otras que se han adaptado. Lo interesante es que muchas personas transcurren gran parte de sus horas en el mundo digital y no conocen su cultura. Es como estar en un país extranjero sin saber el idioma ni tener idea de las costumbres.

La cultura digital cuenta con una serie de prácticas, ideas, propuestas y construcciones que es necesario conocer para sentirnos nativos en lugar de turistas. Si queremos aprovechar el territorio al cual hemos ingresado, disfrutarlo e interactuar con otros, tenemos que conocer sus códigos.

Primero, debemos entender el mundo digital produce un “ensamblaje sociotécnico” de las relaciones. Esto es, la interacción social que tenemos con nuestros pares está mediada por procesos codificados y automatizados. Cuando nos comunicamos con nuestra pareja a través de una red social tal vez estamos participando de un triángulo: mi pareja, yo… y un bot. Los bots son programas informáticos capaces de hacer tareas automatizadas, imitando el comportamiento de un ser humano sin que necesariamente una persona intervenga en sus decisiones. En el caso del triángulo con mi pareja no solamente algún bot trabaja para que nos comuniquemos: también un bot puede pedirnos que seamos amigos, siguiendo el principio llamado “cierre triádico”, según el cual dos personas conectadas por un amigo en común querrán conectarse directamente entre sí, cerrando el triángulo.

Habrá que ver hasta donde llegamos con estos procesos de incorporación de la tecnología a la vida diaria.

 

Vistas: 64
Share.

Comentarios

Comments are closed.