Guayana Esequiba: el día en que Venezuela evitó una guerra, pero perdió una oportunidad (II)

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En esta segunda y última entrega sobre la “rebelión del Rupupuni” ocurrida en la Guyana Esequiba en 1969, recordamos cómo el gobierno venezolano retiró sorpresiva y abruptamente el respaldo a los rebeldes, lo cual conllevó al fracaso de la operación en la cual se buscaba la separación de esa región del gobierno de la capital de Guyana, Georgetown. Aquí puede leer la primera parte de este reportaje

Por: Carlos David Carrasco                                                                                                                @CarlosDMuro

Una proclama impotente

Para la 1:00 pm del 2 de enero de 1969, la provincia de Guyana estaba tomada por los rebeldes. Desde el aeropuerto de Lethem, Valerie Hart leyó una proclamación ante más de 100 campesinos rebeldes, en su mayoría mujeres, todos con escopetas. Se autocalificaban como un Movimiento Guyveno (guyanés-venezolano) y se ondeó una bandera tricolor con una estrella verde en el centro. Esa era la señal acordada para activar el apoyo del gobierno venezolano hacia la rebelión.

Ya el sol indicaba que eran las 3:00 pm y Venezuela no respondía. Sin preverlo, el Ejército guyanés empezó a tomar la ciudad de Lethem. Hart intentó desesperadamente llamar a los espías venezolanos en Georgetown, no sabía que pudo salir mal. Nadie respondió.

El silencio se apoderó de los grupos rebeldes que imaginaron con terror sus destinos si fracasaban. Algunas mujeres con su rostro sudado por la jornada intentaban aguantar sin éxito las lágrimas de frustración y dolor.

Los campesinos decidieron huir del aeropuerto y se atrincheraron en sus casas. Valerie Hart y su esposo decidieron buscar personalmente la ayuda venezolana prometida. Ambos tomaron una avioneta y se dirigieron a Santa Elena de Uairén, en el estado Bolívar.

Los miembros de la guardia fronteriza venezolana los recibieron con caras de incrédulos y emocionados ante la historia de Hart y el peligro que significaba para Venezuela que su rebelión fracasase. Rápidamente, los militares venezolanos enviaron en otra avioneta a la pareja de rebeldes hasta Ciudad Bolívar con el fin de que establecieran contacto directo con el gobierno en Caracas.

Los yanquis también juegan

Según, el novelista David Baldacci “los pequeños detalles llevan a grandes resultados. La gente no mete la pata con las cosas importantes, la mete con los pequeños detalles”. En este episodio de la historia, esta frase no podría ser más cierta. De las personas leales al presidente Forbes Burnham que logran huir de Lethem existía un grupo de adventistas estadounidenses que bajo el terror causado por los rebeldes se comunicó a través de un radio trasmisor con la Embajada de Estados Unidos en Georgetown.

La comunicación con Washington se estableció rápidamente. Al igual que en Venezuela, el gobierno de Estados Unidos atravesaba un proceso de transición entre la administración saliente del demócrata Lyndon B. Johnson y el entrante presidente republicano electo Richard Nixon. Eso retardaba un poco la postura que tomaría el gobierno.

Visita de Richard Nixon a Venezuela

Sin embargo, bajo el esquema de la Guerra Fría y la similitud de la rebelión en Guyana con la revolución cubana, la Casa Blanca calificó el movimiento como una amenaza comunista para la región de América Latina. Inmediatamente, los estadounidenses establecieron comunicación con el Reino Unido para notificar la amenaza sobre su no tan antigua colonia. El gobierno británico alertó a Burnham, quien empezó a movilizar sus tropas hacia Lethem.

Por su parte, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) advirtió al gobierno venezolano que cualquier acción u apoyo militar hacia los rebeldes del Rupununi en Guyana se traducirá en el retiro de la “ayuda americana antisubversiva”, y una posible intervención en su territorio de la Royal Navy, la rama naval de las Fuerzas Armadas Británicas.

En una época en la que las guerrillas urbanas y la amenaza comunista de Cuba mantenían un asedio permanente hacia las instituciones democráticas venezolanas, el costo político de Venezuela se volvía muy alto. No podían dejar de recibir la valiosa ayuda occidental. Además, esto podría poner en peligro la estabilidad del país de cara a la primera transición de poder pleno de un partido político a otro, una bandera de modernidad y progreso que la sociedad venezolana esperaba con ansias.

La decisión fue clara: desmantelar toda la operación y borrar cualquier rastro de participación venezolana en la rebelión. En cuestión de horas, las Fuerzas Armadas conocieron la nueva orden. No faltaron los componentes, que bajo la ilusión de pelear una guerra por el honor y la recuperación de territorio, quisieron desobedecer y continuar el apoyo de la insurrección de Hart. Sin embargo, las maniobras del general Raúl Jiménez y el capitán Jacobo Yépez evitaron cualquier contradicción.

La realidad del fracaso

Para el momento en que Valerie Hart llegó a Ciudad Bolívar la decisión estaba tomada. No obstante, nadie tenía autorización de informarle a la líder rebelde las decisiones del gobierno venezolano. Los militares apenados por lo decidido por sus superiores se ofrecieron para llevarla a Caracas y pudiera hablar directamente con representantes del gobierno.

Hart llegó de noche a Caracas. No sabía que a 1.600 kilómetros, tropas guyanesas a través de máquinas lanzallamas incendiaban las casas de los campesinos rebeldes del Rupununi. Dos oficiales del Ejército aguardaban con ella y su esposo en el centro de Caracas, específicamente en el Hotel El Conde. La intensión de la pareja era hablar directamente con el presidente Raúl Leoni.

Luego de dos horas de espera, el ministro de Relaciones Exteriores Ignacio Iribarren Borges y el ministro de Interior y Justicia Reinaldo Leandro Mora llegaron al hotel. Se excusaron por no recibirlos el presidente de la república quien, según dijeron, estaba con un “malestar gripal”. Ambos les explican el riesgo que supone para la seguridad nacional venezolana seguir apoyando la rebelión en Guyana y los informan sobre la actual situación en su país, que para ese momento ya estaba controlada por Forbes Burnham.

Valerie Hart se siente devastada, ya no puede regresar a su hogar. Los campesinos con quienes compartía su proclama horas antes ya para ese momento se encontrarían arrestados o muertos. La sangre tiñó Lethem. La joven rebelde siente como todas las promesas hechas a sus compañeros se desvanecieron, así como la niebla en la brillante Cruz del Ávila vista desde el hotel esa noche.

Ya con el sabor de la derrota y la traición, la pareja solicitó protección para aquellos campesinos sobrevivientes. La opción que ofrecía Leandro Mora era concederles la nacionalidad venezolana, y así ofrecerles resguardo como ciudadanos frente a la persecución de Forbes Burnham. Valerie Hart aceptó la propuesta. Así se cierra un capítulo no documentado en la historia oficial venezolana.

Esto derivo en una crisis diplomática con Guyana a través de acusaciones en las Naciones Unidas hacia el Estado venezolano. En la rebelión de Rupununi hubo aproximadamente entre 100 y 300 rebeldes muertos. Al menos 53 viviendas de indígenas fueron incendiadas. Se presentaron más de 100 denuncias de violaciones a los derechos humanos y tratos de tortura a los alzados. Aproximadamente 147 indígenas de las etnias makushi y wapishana fueron detenidos y condenados a prisión. Venezuela concedió nacionalidad a 120 personas involucradas en la rebelión.

 

 

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