Guayana Esequiba: el día en que Venezuela evitó una guerra, pero perdió una oportunidad (I)

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En días recientes volvió a la palestra pública el tema de la disputa entre Venezuela y Guyana por el reclamo del territorio Esequibo. En una doble entrega recordaremos que en 1969 ocurrió un episodio histórico poco conocido por las nuevas generaciones, a la que se le conoció como “la rebelión del Ruppupuni” en la Guyana Esequiba. La participación del gobierno venezolano en ese hecho fue de una sofisticación nunca antes vista. Hoy día, en una época de tensiones regionales y crisis territoriales en diversas partes del mundo es una historia que vale la pena recordar

Por: Carlos David Carrasco                                                                                                                @CarlosDMuro

Eran las 6:00 am del 2 de enero de 1969, Caracas aún se encontraba soñolienta de la víspera del Año Nuevo. La avenida Bolívar estaba despejada de autos y las nubes, como grandes algodones, cubrían los picos del Ávila.

En muchos hogares y clubes de reunión, las tertulias familiares giraban en torno al nuevo presidente electo Rafael Caldera. Los venezolanos se sentían orgullosos de su identidad por ser testigos de una transición política inédita para la época: la alternancia del poder de un partido a otro por vías democráticas y pacíficas.

En esa fría mañana de enero, a 1.600 kilómetros de Caracas estalló una rebelión que hasta hoy en día es poco conocida para los venezolanos. En las interminables sabanas de la provincia del Alto Tacutu-Alto Esequibo, la novena región de Guyana, también llamada Rupununi, la joven líder indígena Valerie Paul Hart declaró la separación de esa región del gobierno de la capital de Guyana, Georgetown, liderado por el primer ministro Forbes Burnham.

Una líder indígena que pensaba en grande


Valerie Hart era una mujer atractiva, de largo cabello negro, con una mirada intimidante y un tono de voz fuerte. Pertenecía a la etnia ancestral de los wapishana. Gracias a su herencia familiar disponía de grandes extensiones de tierras, que normalmente se utilizaban para la siembra y el ganado.

Sin embargo, existía un profundo problema en Guyana que la comunidad internacional desconocía y que impulsó esta insurrección. Luego de 1966, cuando el país suramericano obtuvo su independencia del Reino Unido, se estableció una política centrada en las personas afrodescendientes, excluyendo social y económicamente a los pertenecientes a etnias indígenas, hindúes y descendientes de europeos que formaban parte del país.

Esta política de exclusión fue socavando la identidad de muchos ciudadanos guyaneses, especialmente los de origen indígena que no sentían el amparo de la ley para proteger sus vidas y sus costumbres.

En esos momentos de tensión, el Partido Amerindio de Guyana, que concentraba a las cinco etnias indígenas más importantes del país, renovó una discusión política de vieja data respecto a la soberanía de sus territorios y la legitimidad del primer ministro Forbes Burnham para gobernarlos, pues estos grupos se concentraban en el área geográfica que Venezuela reclamaba para sí: el Esequibo.

Venezuela juega al espionaje

Valerie Hart, como miembro influyente del partido amerindio, no perdió tiempo para tomar esta tesis y desarrollar una estrategia política a gran escala. En el año 1968 estableció conexiones políticas secretas con funcionarios de los gobiernos venezolano y cubano con el objetivo de iniciar una separación del territorio del gobierno guyanés.

La respuesta por parte de Venezuela fue positiva, aunque no había una profunda empatía con las etnias indígenas del Esequibo. Después de todo, la clase política venezolana no había hecho grandes esfuerzos para incluir socialmente a las etnias indígenas de su territorio. En la prensa regularmente se denunciaban abusos policiales hacia las comunidades wayúu, en el estado Zulia, y los pemones del estado Bolívar.

Realmente, la razón de la respuesta de Venezuela estaba impulsada por los deseos nacionalistas de militares venezolanos. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en la Academia Militar se impartió un plan llamado “Hipótesis Negra”, cuyo objetivo se basaba en una recuperación militar del Esequibo. Esa visión, 10 años más tarde seguía latente en los cuarteles a la espera del momento adecuado. Además, el impase de 1966, cuando soldados guyaneses intentaron invadir la isla de Anacoco de soberanía venezolana, seguía presente en el imaginario castrense.

En los últimos meses de 1968, Valerie Hart y el gobierno venezolano, presidido por Raúl Leoni, colaboraron estrechamente en la formación de milicianos. En el estado Bolívar de Venezuela se entrenó a centenares de campesinos guyaneses, que iban a participar en la rebelión.

Por otro lado, la Dirección General de Policía de Venezuela (equivalente al Sebin actualmente) y los componentes de inteligencia del Ejército lograron penetrar en los círculos más influyentes de Guyana. El espionaje venezolano en Georgetown se volvió sumamente complejo con miembros activos de la sociedad guyanesa dispuestos a apoyar una rebelión que concluyera con la anexión de por lo menos cinco provincias a territorio venezolano.

En marcha la rebelión

En diciembre de 1968 la conspiración estaba consolidada. Los componentes de infantería del Ejército de Venezuela penetraron secretamente en territorio guyanés y se posicionaron en las sabanas de Rupununi. Gracias al trabajo de espionaje, la policía guyanesa ocultó la transgresión venezolana en Guyana. Mientras tanto, Valerie Hart coordinaba la organización de los habitantes de la provincia para la rebelión, la mayoría integrada por indígenas y descendientes de europeos, todos en contra del gobierno de Forbes Burnham.

A pesar de contar con el apoyo del presidente Leoni, Hart rechazó el envío de armamento pesado. Ella quería que ante los ojos del mundo esa rebelión se viera como una acción popular impulsada por las personas más humildes y discriminadas. En la mentalidad de la época, el método para alcanzar el poder por parte de la revolución cubana aún estaba muy presente, y la líder guyanesa buscaba copiarla.

En la madrugada del 2 de enero de 1969, Valerie Hart activó la rebelión. Se comunicó con los militares venezolanos posicionados en el estado Bolívar para empezar a recibir el apoyo. Las primeras horas transcurrieron sin respuesta alguna y los rebeldes tomaron la ciudad de Lethem, el principal poblado de la provincia del Alto Tacutu-Alto Esequibo.

Los rebeldes ocuparon las instalaciones e instituciones del gobierno guyanés en la ciudad, mientras las personas leales a Burnham huían hacia la sabana abierta en busca de refugio. Las principales vías de comunicación también estaban tomadas por los alzados.

La democracia venezolana en la encrucijada

En Venezuela, la situación era diferente. Todos los componentes de la Fuerza Armada Nacional sabían sobre la operación en el Esequibo. Sin embargo, no hubo decisión política clara. Bajo un sol abrazador y el calor de las primeras horas de la mañana, los pilotos de la aviación venezolana estaban en Ciudad Bolívar, la mayoría conscientes que podían ir a una guerra. Muchos se despidieron de sus familias en la base área, otros llamaron a escondidas de sus superiores a sus hogares soñolientos por el Año Nuevo. La ilusión de los soldados de pelear y volver como los héroes que recuperaron el Esequibo llenaba de ambición sus mentes y corazones.

En Caracas se da una reunión de emergencia entre el ministro de Relaciones Exteriores de la época, Ignacio Iribarren Borges; el ministro de Interior y Justicia, Reinaldo Leandro Mora; el general de brigada Raúl Jiménez Gainza; el capitán Jacobo Yépez Daza, y el representante de Acción Democrática Orlando García, cercano al diputado por Táchira, Carlos Andrés Pérez.

Sin embargo, la decisión que debían tomar no dependía solo de ellos. En pocas semanas, iniciaba gestión un nuevo gobierno presidido por otro partido, Copei. Por esa razón, el presidente electo Rafael Caldera y el presidente saliente Raúl Leoni se comunicaron vía telefónica para determinar qué acción tomar. La respuesta consensuada fue esperar por el desarrollo de la rebelión y no manifestarse ni brindar apoyo militar a los rebeldes. (CONTINÚA PARTE II)

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