Venezolanos en Cataluña ven replicada la división de la sociedad

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Los últimos esfuerzos del movimiento político y social que busca independizar a Cataluña de España han sido frenados por el gobierno nacional, que impedirá la avanzada secesionista. El conflicto que divide a simpatizantes y opositores a la propuesta agarró de sorpresa a la diáspora venezolana en Barcelona. Alternos.LA consultó a algunos de estos compatriotas

Por: Ingrid Orjuela                                                                                                                                       @ingridpilar

Cualquiera que siga con atención las noticias internacionales podrá notar que Cataluña parece haberse convertido en el hervidero de Europa, pero no por atentados terroristas ni la llegada de olas de inmigrantes ni por caída en default. Desde el 1º de octubre y con más intensidad a partir del día 26 se intensificó la lucha de poderes entre el gobierno central y el local cuando el Parlamento catalán aprobó, con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 abstenciones, la declaración unilateral de independencia para “constituir una república catalana como un Estado independiente”, dando un paso definitivo en sus ambiciones separatistas.


Las fuerzas políticas locales que impulsan la secesión y las autoridades del gobierno español protagonizan una fuerte lucha de poder en los últimos días. Hasta ahora, el gobierno central sigue teniendo la última palabra y no permitirá que avance el proceso independentista que intentó tener un primer paso formal el 1º de octubre cuando la Généralité de Cataluña llevó a cabo un “referéndum de autodeterminación” pese a que no fue autorizado por el Tribunal Constitucional de España. Aunque este proceso obtuvo el “Sí” de 2.044.038 electores (90,2% del voto válido) y el “No” de solo 177.547 personas (7,8%) 44.913 (2%) sufragaron en blanco terminó siendo considerado por el gobierno español e incluso por la Comisión Europea como ilegal, por realizarse sin ninguna garantía ni cumpliendo los estándares internacionales.​

La declaración del parlamento catalán asumida como un acto triunfante no solo por quienes votaron a favor, sino por la población que tomó la noticia con jolgorio en las calles, derivó en la destitución de Carles Puigdemont, presidente catalán, y de todo su gabinete ejecutivo, así como en el anuncio del mandatario nacional Mariano Rajoy de aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución de España por considerar que la resolución “es un acto delictivo”. “Una solución extrema e inédita en la democracia para frenar el proceso independentista”, señaló el diario El Mundo.

Tras la reacción del gobierno central, la palabra “resistencia”, tan común en la Venezuela de 2017, llegó a la tierra de Gaudí, donde Puigdemont se dirigió a la población para desconocer su destitución y animar a los seguidores del independentismo a “resistir pacíficamente” la aplicación del artículo 155. Sin embargo, si persiste en su empeño de no abandonar el cargo podría ser acusado del delito de usurpación, por lo que podría ser castigado con la pena de uno a tres años de prisión.

¿Qué dice el artículo 155?

El polémico y extremo artículo 155 estipula que “si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el gobierno […] podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. Pero el jefe de gobierno no puede activar unilateralmente el 155, primero llamar al orden constitucional al presidente de la región en cuestión, aunque esto ya lo hizo el 11 de octubre. Luego, de no recibir respuesta satisfactoria, Rajoy debe pedir al Senado autorización para suspender toda o una parte de la autonomía de la región, una vez encaminadas las medidas que pretende poner en marcha para dirigir Cataluña desde Madrid.

La convocatoria a elecciones para devolver la normalidad institucional a la región era la preferencia de la mayor parte de los catalanes antes de que el presidente Mariano Rajoy optara por la activación del artículo 155 de la Constitución. 52% de los catalanes está a favor de disolver el Parlament para celebrar elecciones autonómicas frente a 43% que lo rechaza, según un amplio sondeo que incluye varios ángulos de la situación que la firma Metroscopia realizó para el diario español El País. El estudio también revela que sólo 19% de los residentes en Cataluña se considera catalán exclusivamente.

 

El mundo apoya a Rajoy

Pese al aparente mayoritario respaldo popular un proceso eleccionario que conlleve a la independencia de España, la unilateral resolución del Parlamento Catalán a favor del secesionismo contó el inmediato rechazo mundial. El Parlamento, la Comisión y el Consejo europeos, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Portugal, Bélgica, Rusia, Ucrania, Polonia, Ucrania, Suecia y Finlandia, Suiza, Estonia, Letonia y Lituania, Serbia, Estados Unidos, Canadá, Turquìa, Marruecos, Grecia, Australia, Rumania, México, Colombia, Argentina, y organismos como la OTAN y la ONU reconocen como única institución legítima al gobierno español y dieron respaldo a Rajoy.

Escocia, que en 2014 realizó un referéndum para decidir su independencia del Reino Unido, destacó por su posición oficial: “Mientras España tiene el derecho a oponerse a la independencia, el pueblo de Cataluña debe tener la capacidad de determinar su propio futuro. La Unión Europea tiene la responsabilidad política y moral de apoyar el diálogo para tratar de resolver la situación de forma pacífica y democrática”.

De la polarización de Venezuela a una Cataluña dividida

Barcelona se convirtió desde hace varios años en uno de los destinos más codiciados por la diáspora venezolana. Para los coterráneos, acostumbrados a 18 años de conflicto político que ha derivado en una sistemática y prolongada violencia en sus formas discursiva y física, la ebullición actual en Cataluña no es tal, por lo menos hasta ahora. En ellos existe expectativa por cómo será el desenlace de los acontecimientos, en algunos la tensión es mayor que en otros, pero el punto en común en todos es que salieron de un país de alta conflictividad política y social con el deseo de establecerse en un destino más estabilizado, pero ahora ese anhelo ya no está garantizado.

Alternos.LA consultó a algunos venezolanos radicados en Barcelona cómo ven el conflicto catalán. Aquí sus respuestas:

“En los catalanes independentistas se siente la frustración”
Antonio Fernández
Periodista. Vive en Barcelona desde 2013

“No creo que el proceso avance mucho más. Está atascado en un territorio más político que jurídico, aunque finalmente lo último lo impone Madrid a la fuerza. La verdad es que hay mucha incertidumbre sobre hacia dónde puede derivar, pues en la declaración unilateral de independencia hay muchos factores de peso que se oponen: aparte del gobierno central y los dos principales partidos nacionales (PP y PSOE), la Unión Europea no reconocería ningún gobierno independiente catalán; y los factores económicos que han migrado en masa de un territorio donde no hay seguridad jurídica, entre ellas empresas y bancos tan emblemáticos como La Caixa o Codorniú.

En la calle se siente mucho. Al principio, antes del referéndum del 1º de octubre había cacerolazos todas las noches, marchas, concentraciones no solo en el centro de Barcelona sino en cada barrio. Eso ha mermado mucho y en los catalanes independentistas que conozco se siente un poco la frustración, desazón, rabia.

Los sectores más radicales como la CUP (la ultraizquierda catalana socia de Nicolás Maduro) son los que menos peso tienen, pero más ruido hacen, llamando a la desobediencia civil (la misma que condenan en Venezuela) en caso de que el gobierno español imponga autoridades. Los otros más moderados, PdeCAT, ERC maniobran para evitar medidas de fuerza, pero parece ya muy tarde”.

Ambos grupos defienden sus intereses económicos y ansias de poder”
Jimena Tormo
Postproductora y guionista
Reside en Barcelona desde hace 2 años. Tiene nacionalidad española

“Siempre he sido una persona que no suele sentirse identificada con nacionalismos ni patriotismos; sin embargo, me motiva aprender sobre las culturas y tradiciones del lugar en el que vivo y siento que mantenerme informada sobre lo que sucede en el panorama social y político local es clave si tomo la decisión de hacer vida en otro país. Por ello no comparto la opinión de muchos venezolanos que han emigrado a España y sienten que deben mantenerse al margen de lo que sucede por ser extranjeros.

El panorama aquí es muy distinto al venezolano, aunque por momentos hay elementos que recuerdan la era pre Chávez y la actual. El conflicto catalán, a mi modo de ver, no es más que otra manifestación de descontento respecto a la situación política española, a los fantasmas de la dictadura franquista que aún después de la transición prevalecen y a los eventos de 2010 después de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña en 2006.

Es claro que la sociedad catalana está dividida. Aquí el diálogo y la convivencia siguen imperando y la gente lleva una vida tranquila y al margen, muchas veces, de las manifestaciones y actos políticos vinculados con el tema independentista.

Para una venezolana ser testigo de una sociedad en tensión y manipulada por dos bandos no ha sido fácil. Sobre todo cuando sabes que en el fondo ambos grupos están defendiendo sus intereses económicos y sus ansias de poder, y al final los políticos acaban pactando, negociando, repartiendo cuotas de poder mientras la gente queda agotada; sin ningún tipo de respuesta real a sus problemas, engañados con sus ideales truncados.

Siento que debo mantenerme informada y votar cuando haya que hacerlo. Es claro que quizás estemos tan sólo en el inicio de un proceso muy largo y con un desenlace incierto. No negaré que esta inestabilidad política me genera ansiedad, porque además trabajo en una empresa que suele hacer proyectos con compañías de otras partes de España y de otros países europeos, y esto nos afecta”.

Mariana Muñoz
“La sociedad está dividida, pero si odios”
Naturopeuta e instructora de yoga
Residente en Barcelona desde hace casi 15 años

“Aunque no me parcializo por ningún bando, fui a votar el 1º de octubre, me parece una locura que no se permita a la población opinar libremente sobre algún tema, y con este criterio sufragué para apoyar las elecciones. Conozco a varios extranjeros que viven en Cataluña que aun cuando no apoyan en sí la independencia, están en esta línea.

La calle está tranquila aunque es el tema recurrente entre los catalanes, pero dentro de lo que cabe con bastante ecuanimidad si lo comparamos con el conflicto en Venezuela, que está completamente salido de tono hace mucho tiempo. Aquí la gente comenta lo suyo, pero no demasiado acalorados ni con odios.

El criterio que manejan muchos de los que se oponen a la idea es que los catalanes están provocando que la economía se vaya al despeñadero. Se trata a los independentistas como bichos raros y en realidad es todo el mundo de raíz catalana: familias en la zona desde hace generaciones, jóvenes, viejos, personas comunes y corrientes, gente encantadora, nada de radicales. La independencia la está apoyando todo el mundo que es de aquí.

Pareciera que hayamos retrocedido en el tiempo y estemos de nuevo en la época de la dictadura de Franco. Dos bandos diferenciados y los extranjeros que somos muchos, al menos en BCN, sin saber mucho cómo posicionarnos, tratando de respetar a los que conocemos de ambos bandos. Y como solución política considero que el gobierno español debe escuchar las propuestas que piden los independentistas antes de imponer decisiones”.

Diana Sanjines
“Vine buscando estabilidad política y me encuentro con esto”
Comunicadora Social
Estudiante en la Universidad Autónoma de Barcelona desde febrero 2017

“No estoy ni a favor ni en contra, a mi parecer no tengo la propiedad para ubicarme en ninguno de los dos bandos, pues percibo que ambas partes han cometido errores. Siento que me fui de un país en el que había mucha tensión política con la idea de llegar a uno que no la tuviera y ahora me encuentro con esto. Los venezolanos sabemos lo que significa que una sociedad se fragmente o se divida, el daño que le hace a un país entero y que una vez que la sociedad se polariza es difícil recuperar la unión, eso está pasando en Cataluña, aunque no hay odios entre las partes como ocurre en Venezuela.

Después de la represión del 1º de octubre se ha agudizado la polémica, hay más protestas, incluso a veces se suspenden las clases en la universidad por las manifestaciones. A partir de esa fecha las personas que no tenían una posición definida ahora respaldan la independencia y aquellos que la apoyaban se radicalizaron más.

Los acuerdos que se establezcan entre las partes deben favorecer a ambos bandos, si no seguirá la tensión política. Dudo que avance la propuesta, porque el gobierno español ha dejado claro que no lo va a permitir, y lo que ha hecho hasta ahora en vez de unir es separar aún más.

El sentimiento de muchos venezolanos que salimos del país es que queremos estabilidad política, y ahora entramos en esta incertidumbre, eso nos pone a pensar: ‘¿será que tenemos que volver a emigrar a otra parte?’ Lo que queremos es que se llegue a un acuerdo justo para ambas partes”.

“Me gustaría una Cataluña dentro de España”
Mercedes Arconada
Coordinadora de publicaciones turísticas
Reside en Barcelona desde 2001

“No tengo claro si estoy en una nueva república o desde una autonomía intervenida. Las dos cosas y ninguna al mismo tiempo. Tampoco tengo idea de cómo va a acabar esto, me parece que nadie tiene la razón. Lo único claro es que la torpeza de los políticos nos ha llevado a un punto de no retorno; de hecho, la mejor campaña para el independentismo la ha hecho el PP.

En lo personal, me gustaría más una Cataluña dentro de España (con un buen pacto fiscal, como el de los vascos), pero entiendo algunas reivindicaciones de los catalanes, por ejemplo: el gobierno ha destinado fondos europeos –otorgados para el desarrollo de vías ferroviarias en el corredor mediterráneo– a construir autopistas y líneas de AVE, radiales y con Madrid en el medio.

Luego está el caso del estatut de 2006, votado en referendo por los catalanes, aprobado en el Parlament y el Congreso, y recurrido por el PP ante el tribunal constitucional porque, en resumen, decía que Cataluña era una nación –dentro de España– y que su lengua era el catalán. En ese momento el independentismo representaba 12% de la población, ahora ya llega a la mitad”.

“Al final quedarán cicatrices en la sociedad”
Darío Prato
Periodista deportivo.
Se mudó a Barcelona en 2017

“Hay un radicalismo muy marcado entre la mayoría de la gente que está a favor o en contra de la independencia. Hay muy poco espacio para el debate o para buscar puntos de encuentro, y eso me hace pensar que la solución no va a ser armoniosa y que, sea la resolución que sea, va a dejar cicatrices en la sociedad.

Siento que es un debate que, de lado y lado, ha obviado a los inmigrantes. Los extranjeros que vivimos en Cataluña sentimos que ningún líder de cualquiera de los bandos se dirige a nosotros cuando declara. Y eso me llama la atención porque es una zona con muchísimos inmigrantes”.

“Tiene que haber un referéndum para que entre todos decidamos”
Ariana Paz
Comunicadora social con doble nacionalidad
Reside en Barcelona desde hace 7 años

“No me siento identificada con el discurso ni con la causa independentista, pero más allá de eso gran parte de quienes vivimos en Cataluña sentimos que lo correcto es hacer un referéndum en el que nos podamos expresar y se deje clara la opinión de la mayoría. Parte de lo complejo de la situación es que no sabemos aún si la mayoría de los catalanes se quiere separar o no, y teniendo un referente tan cercano en el continente como es el caso de Escocia es absurdo no haber planteado la posibilidad de realizar ese referéndum u otro tipo de acción que dé paso a un diálogo.

Muchos de quienes no estamos identificados con el independentismo pensamos que el gobierno español tampoco ha hecho nada para evitar llegar al punto en el que estamos, y somos millones que no nos sentimos identificados por ninguna parte en este conflicto.

La vida en la calle en Barcelona trascurre igual que hace meses atrás, sin mayores alteraciones. Como venezolana me sorprende ver a todo el mundo cumplir su acostumbrada vida cotidiana, no como ocurre en Venezuela donde en cada momento político de crisis el miedo se apodera de la situación y la gente sale a abastecerse “por si acaso”. Incluso, en el momento de alta tensión a raíz de la declaración de independencia del Parlamento catalán y la reacción del gobierno español, lo que sentimos es que no habrá un conflicto violento, por lo menos eso es lo que esperamos.

Otra parte interesante de esta experiencia es ver este conflicto de cierta manera equidistante, distinto a lo que ocurre en Venezuela donde quieras o no claramente uno se ubica en algún bando; aquí he tenido la oportunidad de que pese a estar en medio de una situación política tan extrema no me tenido que polarizarme y eso me permite ver cómo muchas veces nos cegamos en nuestras posiciones. Para mí ha sido una experiencia que me ha hecho reflexionar como ciudadana”.

“Me dicen que por ser extranjera no entiendo lo que ocurre aquí”
Daniela Morales
Comunicadora Social de la UCAB, estudiante en la Universidad Autónoma de Barcelona
Llegó en febrero 2017

“El ambiente es un poco extraño, quizás parecido a Venezuela hace diez años. Hay dos bandos muy claramente definidos, pareciera que no hay posibilidad de tener una posición intermedia: o se es derecha, nacionalista, ‘facha’; o de izquierdas, independentista, socialista. Es muy difícil que yo no asocie lo que pasa aquí con lo que ha venido sucediendo en Venezuela todos estos últimos años.

Deberían considerar con más cuidado las consecuencias de lo que está sucediendo. Cuando acá me preguntan si me considero socialista, al decir que por todo lo que está pasando en Venezuela es imposible que lo sea, me han acusado de ser ‘facha’. También me han dicho que no puedo entender lo que ocurre porque no soy de aquí.
El 1º de octubre salí con la intención de tomar fotos del referéndum. Admito que no me impresionó la cantidad de policías que había en la calle. Vi cómo cerraron el centro que queda a unas cuadras de donde vivo para “defender” los votos. Caminé hasta una multitud que bloqueaba la calle para impedir que la policía se llevara las papeletas y quedé de primera frente a la barrera policial. Ahí atrapada tomé más fotos hasta que un policía me sacó cargada del lugar. Me puso en la acera y empezaron a golpear a la gente y a disparar. A mí no me pasó nada.

Cuando el 3 de octubre se decretó la huelga general, en mi opinión, se invirtieron los papeles. Aquellos negocios que no quisieron acatar el paro fueron insultados y acosados de manera “pacífica” hasta unirse a él. Allí entramos en la discusión de qué es en realidad la violencia y cuáles son las distintas formas de ser violentos.

Cada vez se oye más catalán en la calle. Tengo amigos que están teniendo problemas en sus negocios a causa de esta situación, varias empresas han quebrado o están a punto de quebrar. Me temo que tendré problemas para conseguir trabajo. Pero por ahora sigo prefiriendo quedarme aquí que mudarme a Madrid.

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