Dicen que se educa mejor con el ejemplo. ¡Eso dicen!

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Cuando veo a mis estudiantes veo un futuro y me pregunto: ¿debo luchar por ellos?

Por: José Fonseca                                                                                                                                       @JFonsecaV

“¿Profe, por qué no vino ayer?” Me preguntó un estudiante. “¡Ese profesor no va a trabajar, pero si va pa’ la marcha!”, dijo un representante. “Debemos luchar por el futuro de nuestros hijos adoptivos”, me dijo un colega.

Lo que ocurre en las calles de Venezuela no es ajeno al ámbito educativo: “Ya tenemos nueve instituciones privadas con sanciones por colocar la Bandera Nacional al revés, no le vamos a permitir a ninguna institución que ofendan la bandera de Bolívar, de Miranda y de los patriotas que le dieron la liberta a este continente”, dijo hace unos días el ministro de Educación: Elías Jaua.

La manifestación en los colegios no solo la han ejercido las directivas de las instituciones, responsables de izar el tricolor nacional. Los alumnos también lo han hecho a su manera, lo cual ha sido reprochado por el gobierno. Sin embargo, la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA) cita en su artículo 83: “Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a manifestar pacíficamente y sin armas, de conformidad con la ley, sin más límites que los derivados de las facultades legales que corresponden a su padre, madre, representantes o responsables”.

Algunos historiadores explican en sus libros que “poner la bandera al revés e izarla en un punto representativo; es decir, mástil de un barco o en el asta de un edificio, significa solicitud de auxilio por amotinamiento, secuestro o actualmente terrorismo. Es un recurso antiguo para avisar a tropas amigas que venían cuando un fuerte estaba tomado para que no sufrieran una emboscada”.

Dicen que como educador debo ser apolítico, pero ante tantas muertes debo ocultarles la realidad a mis estudiantes. Debo ser indolente ante la muerte del que fue mi compañero de colegio, sí, ese chamo que veía con admiración cuando estudiaba, él era de quinto año, yo apenas de quinto grado. ¿Será que como educador a mí no me afecta la situación del país?

“¿A qué juegan?”, les pregunté a unos niños de preescolar, ellos riendo me respondieron “a guardias y guarimberos”. Ante esa realidad, cómo les explico a mis estudiantes que sus compañeros tal vez no vengan porque hay una gran tranca en la calle donde viven, cómo afrontar esa niña que viene con su uniforme sucio porque no pudo llegar a su casa a cambiarse. ¿Pretenden que sea indolente a eso?

El gobierno dice que todo marcha muy bien en el país, será que viven en otra Venezuela porque en la mía hay muchísimos problemas. Dice que es una guerra mediática y llevan dos años con el temita. ¿Será que no se dan cuenta de que su gobierno fracasó?  Dice que el colegio es un espacio para educar, no una guardería.

Dicen que educar es un acto de amor y yo lucharé por quien amo, por mis estudiantes: los que tuve, los que tengo y los que vendrán. Por una Venezuela que se reconstruye porque dicen que es maravillosa… ¡¡¡Ups!!!  Disculpen esa última frase, no dicen, ¡sé que mi Venezuela es maravillosa!

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