¿El ejemplo que los gochos dan?

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Aunque muchos en Venezuela elogian el temple de los manifestantes tachirenses, las manifestaciones en ese estado andino no logran el cometido de la protesta no violenta. Todos se ven afectados

Por Íngrid Orjuela

@ingridpilar

En toda Venezuela se habla de la protesta de “los gochos” como un ejemplo. Desde 2014 los manifestantes del estado Táchira se han diferenciado de los del resto del país por asumir la protesta con formas más aguerridas. Tanto que incluso ha surgido un clamor nacional por emularlos, una demanda que se ha visto en carteles, en los comentarios de pobladores de cada rincón del país y hasta en chistes. Pero una cosa es verlo de lejos y ansiar ese temple colectivo, otra es vivirlo de cerca. De cerca todo es violencia, es miedo, incluso a quienes se supone están de tu lado. Porque a diferencia de los manifestantes radicales en otros estados del país que también se baten incluso hasta la muerte con guardias y polinacionales, “los gochos” esperan que todos lo hagan por igual, pero como no pueden arrastrar a todos los opositores los cercan, les bloquean las salidas de sus urbanizaciones, les impiden movilizarse, amenazan y roban a quienes transiten por las calles, les queman los taxis y autobuses a los choferes que osen salir a trabajar, vandalizan comercios solo por atender a un público necesitado de alimentos, de medicinas, de resolver situaciones domésticas; todos nos convertimos en sus enemigos, ya no es solo el gobierno opresor. Esa es otra versión del “el que no está conmigo está contra mí”. En río revuelto todos pescan, por supuesto, hay quienes se aprovechan de la anarquía reinante en las calles para hacer su agosto, el vandalismo de otros –¿de “los buenos”?– facilita el trabajo al hampa común y a los paramilitares del gobernador (aunque también los hay espontáneos), pero, ¿es legítimo obligar, cercar, agredir a todos, incluso a la inmensa mayoría tachirense que apoya la resistencia pero que la acompaña con métodos no violentos como asistir a las multitudinarias marchas, brindar asistencia a escuderos y heridos en las protestas, sumarse voluntariamente a los llamados a paro, a cacerolazos, a trancas, plegarse a las convocatorias de la población y de la dirigencia política?  Todos se convierten en potenciales víctimas. Salir a las calles y sentir miedo de todos, independientemente del bando, no es lo que quisieran los habitantes de los demás estados, no saben lo que piden al desear que el país entero se “gochifique”.

Los puntos álgidos de las manifestaciones violentas en la capital de Táchira se han concentrado más que todo en Barrio Sucre y en la avenida Ferrero Tamayo.

Lo que es absolutamente evidente es que la dirigencia política no marca la agenda de calle en Táchira, no es una convocatoria de la Unidad lo único que saca la gente a la calle, aunque hay solidaridad con sus llamados. Las calles de ese estado están calientes todos los días sin esperar por dónde marque el ritmo la MUD. Los alcaldes opositores ya no logran controlar la fuerza de la protesta, los manifestantes van por cuenta propia, solo saben que el gobierno sigue en pie y que eso es suficiente razón para mantenerse en rebelión. En Táchira no creen en líderes, por lo menos no esos gochos que cada día muestran con fiereza que están hartos de un régimen abusivo, negligente y fracasado en su deber.

 

“La mayoría de los chamos del partido (Voluntad Popular) creemos en la radicalización de la protesta pero con organización y dirección, los chamos de resistencia están igual, solo un pequeño grupo en la calle, que en efecto hace mucho daño, cree que salir a matarse es la salida; apenas ven un asomo de violencia se dejan llevar, los emociona saber que se le puede hacer daño al gobierno confrontándolo hasta la muerte. En el partido muy pocos jóvenes creen en la MUD, pero sí se cree en la convocatoria de masas, en esta etapa se desconfía de los políticos y los partidos porque se quiere y se cree en una lucha de ‘venezolanos por Venezuela’, el momento de los partidos (a pesar de pertenecer a uno) será en elecciones”, me decía un joven militante de VP en el estado. Pues sí, En Táchira hay jóvenes (algunos estudiantes, otros trabajadores) que sienten que solo con mucha sangre se logrará un cambio, la apuestan y piden a gritos que sus coterráneos también la den.

En las últimas semanas han sido quemados tres taxis en San Cristóbal y por lo menos a cuatro les han roto los vidrios mientras circulan. Varios taxistas han relatado que se han salvado de ser atrapados por los manifestantes.

 

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