Escasez afuera de Caracas – Sobrevivir al hambre

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Apenas comenzando mis vacaciones recibí una preocupante llamada de mi abuela, quien a sus 57 años de edad solicitaba desesperadamente de mi ayuda. Hacían varias semanas que no sabía lo que era comer arroz y apenas se daba abasto para poder cumplir con su rigurosa dieta, la cual debe hacer por motivos de salud. Mi abuela, vive en San José de Unare, una pequeña localidad que forma parte del municipio Zaraza en el estado Guárico, en Venezuela. Ella al igual que sus más de 12 mil habitantes tratan de cubrir sus necesidades de primer nivel, por lo que se ven obligados a viajar para abastecerse de artículos poco comunes y necesarios. Generalmente consiguen productos en Zaraza, la ciudad más cercana, así como Onoto, Barcelona, y en el peor de los casos, Caracas.

                                                                                   Por Merwin Ponce

@jjponce_alterno

Luego de varias semanas conversando con miembros de mi familia, nos vimos en la necesidad de ir comprando lo que se pudiera conseguir, con malos chistes luego de una jordana fuerte en las calles nos reíamos sobre el nuevo “que hacer” del venezolano, aquello que llamamos curiosamente “el bachaqueo”. Caminé casi toda Caracas, en su mayor parte el centro, con una lista de verduras, hortalizas, 10,000 Bsf. y la promesa de realizar algún avance de efectivo si ameritaba el caso.

Abastecidos con lo conseguido en Caracas hice mis maletas para el viaje al interior del país. Cargaba más comida que prendas de vestir y en vez de regalos de la capital llevaba alimentos. El camino hasta San José suele durar entre 3 a 4 horas desde Caracas, sin contratiempos. Fui con otros familiares en un carro por-puesto. Al llegar al terminal de taxis el encargado de los pasajes nos hizo la aclaratoria de que tuvieras mucho cuidado al viajar al interior y nos encomendáramos a dios para que los guardias no nos detengan en la vía; “es peor que te agarre un guardia a un malandro (delincuente), esa gente te desvalija y de paso te matraquea (extorsiona) lo poquito que puedes conseguir”, finalizó la conversación despidiéndose y dando un último consejo “miren hijos míos, nosotros no hemos aumentado el pasaje, pero si la cosa sigue así lo llevaremos al doble, ahora lo dejamos en 4,000 Bsf, pero si se nos daña un caucho ni cobrando 10,000 Bsf. por pasajero mandamos a arreglar eso”.

vía el clavo

No pasamos mucho tiempo rodando para encontrarnos con la primera alcabala, cerca de El Clavo, un pequeño pueblo en laderas de la carretera nacional. Al detenerse el auto frente a la cola noté que varias personas se encontraban fuera de sus vehículos conversando y discutiendo sobre lo que estaba ocurriendo. Un señor se quejaba: “tengo como 20 minutos parado, unos guardias estaban revisando los camiones y al parecer encontraron una presa”. La cola se estaba despejando y los guardias dando el paso; pero al llegar al punto de la alcabala pudimos observar cómo era desvalijaban un camión, cajas y cajas eran sacadas por los funcionarios quien entre ellos se dividían el inventario. Alrededor de unas 5 veces nos detuvieron en las alcabalas, Guardia Nacional Bolivariana, policías y guardias, todos se acercaban al carro con lo que parecía algo ya ensayado: “Este carrito ta’ cómo muy pesado ¿Qué llevan ahí?” De esta forma lo que suele ser un viaje de 4 horas se convirtió en uno de 7.

CarreteraNacional_camino_SanJosé_Zaraza

Realizamos una breve parada en El Guapo, para descansar y comer algo pero la pizarra de precios mostraba cifras un poco aterradoras. Pero cómo podríamos siquiera quejarnos de estos precios, si los desequilibrios de la economía venezolana se detallan en las compras más sencillas. Los salarios se desvanecen ante una inflación que cerró el año pasado en el 180.9 % y que en abril, anualizado con respecto a 2015, llegó a 294% según cálculos de la firma Ecoanalítica. No sorprende que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la inflación llegará al 700% en los próximos meses, la más alta del planeta.

El presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, considera que las cifras de desabastecimiento se han incrementado de manera exponencial, ya que “la economía venezolana se ha venido dolarizando en la parte negativa, pues todos los productos se encuentran a precio de dólar negro” comentó León en su cuenta de Twitter.

“El incremento de los precios son espeluznantes y la población termina consiguiendo los productos en los bachaqueros, en la economía informal o en las importaciones de contrabando que vienen desde Colombia (…) el precio del arroz en el mercado negro es de dos dólares el kilo, a comparación del costo en un supermecado internacional, donde no sobrepasa de un dólar (…) y eso se repite en otros rubros como leche o café”, aseguró

El sector productivo se ha constreñido a raíz de los controles de precios y del acceso a divisas establecidos por Hugo Chávez y que Maduro ha mantenido. La Confederación Venezolana de Industrias calcula que en el país hay 8,000 empresas menos que en 1996. Junto a un sector industrial raquítico, Maduro también heredó cientos de empresas expropiadas que, en manos del Gobierno, se encuentran casi paralizadas. La amenaza latente de expropiar Polar, la mayor productora de alimentos y bebidas del país, también tiene a los venezolanos en vilo. Los venezolanos se encuentran a merced de dos discursos políticos, por una parte los dirigentes del gobierno penalizan a mafiosos que se esconden bajo el nombre de empresarios, haciendo alusión a una Guerra Económica y por otra las aseveraciones por parte de expertos en áreas de la economía quienes aseguran que es una consecuencia del modelo económico. León asegura que “las colas no son culpa de los bachaqueros, empresarios o de la población que se angustia por la escasez. Es el modelo de control”.

Los datos recogidos por Datanálisis y publicados el 18 de enero revelan que el 90% de la población venezolana (incluyendo al chavismo) considera que las empresas expropiadas por el Gobierno producen ahora menos. Ademas confirma que los desequilibrios en la economía tienen su origen en las regulaciones y el modelo gestionado por el Gobierno, que asfixia la iniciativa privada y ha provocado la caída en la producción y oferta de bienes y servicio

Ante la imposibilidad real de abastecer el mercado con producción nacional, la escasez se incrementa y los fantasmas sobre el posible desenlace de la crisis empiezan a emerger. En el interior del país es mucho más notoria esta situación, quienes no cuentan con familiares en las grandes ciudades, como mi abuela, se ven obligados a esperar las bolsas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción llamados CLAP. Pero los CLAP operan esporádicamente, con poca afluencia de bolsas y condicionada a intereses políticos de cada localidad, como lo reseña el documental de BBC Mundo “La Crisis del Hambre en Venezuela”.

La percepción de los vecinos de la parroquia San José de Unare es que en Caracas se vuelve mucho más fácil la tarea de conseguir comida, pues aunque tengas que visitar al menos unos siete establecimientos a la semana para poder completar las compras, puedes hacerlo o puedes recurrir a los bachaqueros. Sin embargo, esto no ocurre en estos pequeños pueblos, no se cuenta con más de dos locales como para hacer colas o con un perímetro lo bastante grande como para que un bachaquero se dé con unos cuantos trabajos y hablar de la escasez de medicinas en estos pueblos requeriría otro artículo. Además, las vías no dan como para estar viajando y el costo de los pasajes aumenta tanto como una bolsa de comida en los mercados.

No nos sorprende entonces que es en estás localidades alejadas de la capital donde más se presentan casos de desnutrición e incluso niños y adultos mayores fallecidos por falta de alimentos. Por ahora mi abuela tiene unos cuantos productos, pero cuando se acaben viviremos otra aventura al interior del país para llevar los indispensables productos que en cualquier otro país son de fácil acceso.

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