Buscando un Cristo en La Grita

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Un #ViajandoJuntos de Fe y Esperanza…

“Por allá en las montañas, donde el frio le llega a los huesos, donde la gente es cariñosa, el café sabe a esfuerzo y compromiso, existe un Cristo muy milagroso. Si lo camina con devoción y pides con mucha fe se hará realidad el milagro”. Abuelo, lléveme… “No hijo, usted un día llegará a él y se acordará de mi”.

Por José Fonseca

@Jfonsecav

04 de Agosto, 6 p.m. Barquisimeto – estado Lara. Agarro mi maleta y salgo directo al terminal de pasajeros, mi autobús con destino al estado Táchira ha de salir en una hora. Al lado de mis padres ingreso a la unidad, y así inicio el recorrido a una nueva aventura, en búsqueda del Santo Cristo de la Grita, el santo y patrono del Táchira “tallada por los ángeles” como cuenta la historia. Veo a mi madre abrazar a mi papá y con esa imagen el bus comienza el movimiento. Casi doce horas después estoy en Colón, un pueblo del Estado Táchira.

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Mi mañana se fue recorriendo este pueblito colorido, que aun conserva un centro muy colonial, con hermosa vegetación y unos espacios para descansar y admirar. Era hora de almorzar, ducharse y alistar todo para la salida. A las tres de la tarde, me encuentro con mi equipo de caminata, en total seis jóvenes que recorreríamos al menos 70Km juntos en peregrinaje hasta el Santo Cristo de la Grita.

Nuestra bitácora inicia entre historias y cuentos, llegamos sin mucho esfuerzo a un poblado llamado Boca de Monte, donde en una hermosa tienda/restaurante encuentro a la Sra. Luciana, le pido unos chocolates para el camino y sin dejar a un lado mi espíritu de periodista le pregunto: ¿Cómo te preparas para hoy? ella, suspira y dice: “Encomendada a nuestro Cristo”. Me cuenta que trabajaría corrido, que no cerrará el restaurante y se prepara para ayudar a los peregrinos. Equipada con medicinas, dulces y alimentos la Sra. Luciana estará allí para ayudar ante cualquier necesidad, esa es su ofrenda al Cristo que tanto ama. Agarro mis chocolates, me tomo una foto con ella y salgo en búsqueda de ese Cristo.

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8:00 p.m. vamos camino al “Paramo de Zumbador” el frio empieza a hacer de las suyas, voy comiendo panela de papelón y compartiendo con los muchachos, ya empiezo a preguntarme “¿Faltará mucho?”.   Llegamos a la cúspide del páramo, allí el equipo de rescate “Gerardo Reyes” quienes se han preparado con una gran carpa, sonido, fogata, naranjas y agua. Hacemos una parada para cenar nuestras arepas. Sigo comiendo miel, papelón y naranja, con dos abrigos encima y aun el frio no me deja en paz, veo mi reloj y son las 11:00 p.m. Seguimos caminando…

Cae la medianoche y el frio del páramo es el protagonista, la caminata me agrada, veo las estrellas y la luna, debemos llegar a otro poblado llamado “El Cobre” allí, pararemos un rato, comeremos otro poco y luego saldremos. Pero, de repente el camino empieza doler. Ya estamos cansados, el sueño, el frio, algo de rocío, estamos totalmente solos y los ánimos han bajado. Llegamos a un mirador, vemos a lo lejos las luces de lo que creemos que el pueblo del Cobre, respiramos profundo y seguimos “en nombre del Santo Cristo de la Grita, por el país que tanto queremos” dice uno de los chicos, nos enfocamos y seguimos caminando. 2:00 a.m., encontramos una carpa con primeros auxilios, mandarinas, agua y gente que nos da ánimo de seguir “falta poco para El Cobre, sigan y que nuestro Santo Cristo les Bendiga”.

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Así, con dolor en los pies llegamos a “El Cobre” nos regalan un pan con jamón y queso, nos sentamos en su plaza, vemos que casi serán las 4 de la mañana y decidimos esperar que sean las cinco para continuar. En “El Cobre” logramos ver su iglesia, veo mi pan y creo que sabe a “manjar de dioses” – es que el cariño y la dificultad con el que se hace en estos tiempos de escasez da un sabor único -.

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Amanece y continuamos nuestra caminata, pero la fatiga y el frio detienen los pasos a tres de nuestros amigos, no pueden continuar. Decidimos separarnos y de repente aparece un bus, justamente va a la Grita, nuestros amigos se montan y por un momento pienso si yo podré llegar. Cuando reacciono estoy diciendo “nos vemos al rato”, decidimos caminar un poco más rápido y así le dimos por unos 45min cuando vemos un mural que dice “tan solo faltan 20km” y exclamo “¡¿Queeeeé 20km más?! El doble del maratón de mi Divina Pastora!” Caminamos unos metros cuando una señora muy cariñosa nos regala un chocolate tibio, delicioso y energizante; me rehúso a darme por vencido y caminamos los últimos kilómetros, en ningún momento tuve hambre. Muchas personas preparan sus toldos para regalar alimentos y ayudar a los peregrinos, es su forma de agradecerle al Cristo por todos los favores concedidos.

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Quedan 10km, mi emoción es grande, envío unos mensajes por mis redes sociales para agarrar ánimos y las respuestas me animan a continuar. son las 9 a.m. y el sol empieza a molestar, adiós suéter. Y así, inicia la subida, solo quedan dos kilómetros, el calor y sol me molestan mucho, seguimos los tres unidos, caminando, viéndonos las caras de “¿Podremos? ¿Habrá otra opción? ¡Vamos a caminar!” seguimos recibiendo frutas y agua de la gente, la emoción llega y de repente vemos un cartel que dice “Bienvenidos a la GRITA”.

¡Hemos llegado! Les digo emocionado, pero un “aún falta un poco” me distrae y veo la última y empinada subida, piquetes militares, obstáculos que en mi opinión fue la más difícil del viaje. Son las 10:30 a.m. y el sol arde, pero a la final logramos terminar y llegar al santuario, le doy un abrazo a mi equipo y celebramos. Llegamos a la emblemática Plaza de Bolívar. La historia narra que cuando el Libertador Simón Bolívar se retiró del santuario lo hizo de retroceso en forma de respeto para no darle espalda al Santo Cristo. Sin embargo, más difícil que caminar de espaldas es entrar de frente pues controversias políticas han complicado el ingreso de peregrinos al santuario que se encuentra altamente custodiado por la Guardia Nacional. Pasar por los piquetes y rogar para ver la imagen fue otra bitácora pero al fin logramos entrar. Vemos al Cristo rodeado de flores, la gente alegre y por al menos 10 minutos le doy gracias, su cara es sutil, valió todo el esfuerzo llegar hasta acá.

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Doy gracias a Dios por permitirme haber recorrido esos 70km, por haberme dejado llegar hasta el Cristo de La Grita; a pesar de que el dolor en mis piernas era bárbaro, ardían! Ya en el bus camino a casa despierto cuando atravesábamos algún lugar de Mérida, eran las 2 a.m. Caigo en cuenta que ya es 6 de agosto y un pensamiento llega con una hermosa sonrisa: “¡Feliz cumpleaños Fonseca, lo logramos! Seguiremos #ViajandoJuntos”.

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