Mi Servicio en un Hospital Venezolano – Tragedia Humanitaria

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El impacto de la escasez de medicamentos en Venezuela: Intentando ofrecer el mejor servicio con lo que se puede y tiene.

Como parte de mi formación como Psicólogo Clínico me vi en la tarea de realizar el servicio comunitario en uno de los hospitales más prestigiosos de Venezuela y en el que, en poco tiempo, descubriría sería uno de los lugares en los que vería desesperanza, ira e incertidumbre.

Por Merwin Ponce

@jjponce_alterno

“Trabajar con lo que se puede y ofrecer el mejor servicio con lo que se tiene”

Tan sólo me faltaba un mes para terminar mi jornada en el servicio comunitario, tras algunos inconvenientes en mi anterior centro, terminé en la unidad de Pediatría Quirúrgica del Hospital Clínico Universitario de Caracas; dentro de mis funciones se encontraban promover un estilo de vida saludable a través de la modificación de hábitos insanos asociados a las enfermedades que pudieran estar afectando la adherencia al tratamiento y el acompañamiento emocional con los padres y representantes que transitaban la unidad. Un objetivo muy ambicioso y alejado de la realidad.

En mi primera semana me di cuenta que durante el mismo turno podía reír de la felicidad con las ocurrencias de algunos padres hasta caer en una profunda tristeza al saber que un niño era dado de alta por falta de insumos. Mi jornada iniciaba a las 8:30 am luego de la revista médica en el cual presentaban una descripción de los casos: El 28-A tiene una obstrucción intestinal, el 30-A presenta una cloaca, el 27-B tiene una malformación anorectal y otros cuantos términos que no lograba entender, pero había algo que sí podía notar; la mirada perdida de los niños mientras su habitación se llenaba de personas con batas blancas, como si de un zoológico se tratara, me pregunto cuántas de estas personas podrían recordar los nombres detrás de ese código 28-A. Luego de la revista iniciaba mi ronda, trazando un zigzag recorría el largo pasillo del piso 9 yendo y viniendo de los casos más graves hasta los más sencillos. Lo que diferenciaba un caso de otro no era la gravedad de la enfermedad, era la rapidez, suerte o destino, si se desea, de conseguir el medicamento, examen o tratamiento a tiempo para poder intervenir. No es de extrañar pacientes esperando ser atendidos protesten continuamente se estima que al menos 400 pacientes que permanecen en sus hogares esperan ser intervenidos quirúrgicamente. Según reseña El Pitazo quienes esperan a las afueras del Hospital Universitario dicen que las operaciones no se realizan por falta de gases arteriales, oxigenadores y bandejas quirúrgicas. Tampoco el hospital se cuenta con anestesiólogo.

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Llegar al piso 9 era toda una odisea, “ya hace mucho tiempo que el ascensor no funciona” me dice Carlos, el ayudante de piso, tenía que hacer una pequeña cola en el lobby para entrar en uno de los dos ascensores que funcionaban en el hospital, éste me llevaba hasta el piso 6 y luego de cruzar un gran pasillo daba con las escaleras que me contactaban hacía el piso 9. Nunca pude comprender cómo funcionaba la estructura del hospital; más aún el moderno sistema usado por los camilleros y demás personal al llamar el elevador. Sí necesitaban trasladar a un paciente en camilla, uno de los camilleros se llevaba sus manos hacia su boca imitando una especie de megáfono y llenando su abdomen de todo el aire que podía gritaba con furor “piso 9 por favor” esperando ser escuchado por el asistente de piso, el cual imagino subiera el ascensor hacía ese piso. Luego de llegar a la oficina, debía cambiarme, ponerme el uniforme y salir con el corazón hecho piedra, antes de salir de la oficina saludaba a las enfermeras, quienes me ponían al día de todo lo ocurrido en el hospital. Pobrecita la madre del 28-A se tendrá que ir si no consiguen insumos antes de su operación; la niña del 30-B está solita, sus padres no tenían con quien dejarla, uno se fue a conseguir el examen y la otra a intentar conseguir el tratamiento.

Al terminar de conversar con las enfermeras salía sorprendido de cómo en el mismo turno podría morir un niño, otro ser dado de alta por falta de insumos, ver padres felices porque su hijo podrá comer algo, padres angustiados porque se acerca la operación y recibir la noticia de un robo justo en el estacionamiento del hospital, todo en apenas 3 horas. Puede llegar a sonar extremo, pero es la realidad que viven cientos de profesionales de la salud a diario en Venezuela, que deben realizar su trabajo en medio de la tensión política, la inseguridad y la escasez.

Me encontré parado justo en la primera cama. Un niño utilizando una mascarilla estaba siendo estabilizando; la madre, con los ojos rojos y la cara hinchada, me comentaba que el niño no había dejado de llorar en toda la noche, que estaba exhausta y que no tenía ningún tipo de respuesta por parte del personal. A dos camas otro niño lloraba, cuando me le acerco y pregunto qué pasa su abuela llorosa me dice que no tienen nada que darle de comer, estaba sacando cuentas en un pedazo de papel para ver de dónde sacaba para comprarle algo. En la última cama me encontré con un padre adormecido, el cual pasó toda la noche despierto intentando calmar a su hijo, el niño tenía 3 días sin comer, ese era el tiempo que le establecieron como dieta antes de la operación, operación de la cual no estaba muy seguros que ocurriera ya que venía de dos operaciones anteriores, una de intervención y otra para saturar puntos que se le habían soltado – Y no es la primera vez, me dice el padre – ya esto es costumbre, los puntos se sueltan porque el material que hay para coserlos no es muy bueno, y aquí hay muchos casos de niños con problemas estomacales, esos son líquidos muy fuertes.

En este reportaje realizado por la periodista Carolina Chimoy para el canal alemán Deutsche Welle, se muestran muchas de las dificultades que viven los pacientes dentro de los hospitales en Venezuela. No se trata solo de la escasez de medicamentos, es la escasez de todo tipo de recursos lo que agobia al sector de la salud, a los enfermos y al país en general.

“Entre 4 trabajos me resuelvo, el sueldo no me alcanza”

Acercándose el final del turno de la mañana, me disponía a preparar mis cosas para irme a mi casa, pero siempre era el único que salía con calma, todos parecían llevar prisa. Al preguntarle a uno de los médicos porqué todos llevaban prisa me comentó que tenían que correr para llegar a su otro turno, trabajo o consulta privada. En promedio, un médico en Venezuela debe estar ganando unos 35.000 bolívares al mes, eso sería al menos dos salarios mínimos, considerando que la mayoría de los que están en el Hospital Clínico son estudiantes o a penas si tienen el pregrado. Eso es entre US$3.500 o US$35 dependiendo de la tasa de cambio, en todo caso tampoco alcanzaría para una canasta básica mensual.

Es decir que después de una guardia de 24 horas en un hospital público cualquiera de mis compañeros salía corriendo a trabajar un turno de 8 horas o más en uno privado sólo para poder pagar su cuentas; y por fin entendí, por eso no era raro que algunos doctores hicieran colectas para comprarle un medicamento a alguno de sus pacientes. Yo mismo me vi en la situación de comprarle desayuno a un pequeño niño que con apenas fuerza me dijo que tenía hambre. Algunos solemos creer que los médicos estudian esa carrera para hacerse ricos, que tan equivocados estamos, muchos de mis compañeros solo querían terminar su pregrado para irse del país y hacer una especialización, según el Colegio de Médicos, más de 8.000 médicos se han ido de Venezuela y la mitad de los que se gradúan no ejercen o emigran.

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“No puedo sonreírle a un paciente y luego decirle que se tiene que ir por falta de insumos”

Es imposible llegar temprano a la Universidad Central de Venezuela, bien sea por las colas en Caracas, la cantidad de gente en el metro y las calles o porque el nivel de inseguridad ha aumentado gravemente en este recinto. Llegar a las 6:00am a la universidad jugar a ganar en contra de toda posibilidad de salir atracado al bajarte del carro en el estacionamiento. Junto a esto, los bajos sueldos y la presión política y social complican la labor de los profesionales de la salud en Venezuela, nada puede perjudicar más su trabajo que la escasez de medicamentos e insumos; en el mes que estuve dentro de las instalaciones no hubo soluciones, ni material para suturas, ni reservas de sangre para transfusiones. Algunos médicos tenían que llevar sus computadoras, otros menos osados llenaban sus historias médicas a mano. De no tener celulares inteligentes algunos médicos no son capaz de comunicarse con el resto del personal a lo largo del Hospital Clínico, ni de tomarle fotos a las radiografías, ya que tampoco se dispone de papel o impresoras.

De manos atadas se encuentran muchos profesionales quienes no pueden blandir una sonrisa cuando deben informarle a sus pacientes que tendrán que tomar una difícil decisión, continuar y esperar a que lleguen los insumos o irse y probar suerte en otros hospitales. Siendo el Hospital Clínico Universitario la referencia principal en todas mis entrevistas con los padres.

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“Escasez, mortalidad y desesperanza”

Hay pacientes que no tienen que morir, en muchas ocasiones niños que se encuentran en la zona de las operaciones más sencillas, terminan muriendo. “Que impotencia me da cuando una madre llora porque su hijo acaba de morir, eso no es justo esas criaturas no merecen morir” dice Christian, enfermera de piso. Bien sea porque los padres pasaran más de 12 horas en Caracas buscando un insumo o porque los resultados de los exámenes se tardaran en salir debido a la falta de reactivos o porque los niños no soportarán la infección y el antibiótico esta escaso, la cara de los médicos y las enfermeras siempre es la misma, una cara que expresa impotencia ya que al tener estos recursos esos niños se pudieran haber salvado, y estuvieran en sus casas luchando contra otra escasez, la de la comida.

Es normal encontrar profesionales de salud que crean una especie de barrera entre ellos y sus pacientes, se ha vuelto más común el poco contacto, la desinformación, mientras más impersonal sea su contacto menos será el impacto cuando reciban o seas portadores de una mala noticia.

La Asamblea Nacional, que desde enero está en manos de la oposición, declaró una emergencia sanitaria hace más de 3 meses, con el objetivo de que el gobierno atienda la crisis hospitalaria y la escasez de medicamentos e insumos. El gobierno de Nicolás Maduro dice que la crisis en la salud ha sido exagerada por grupos de la oposición dentro del sector médico y defiende su postura, haber instalado cientos de ambulatorios por todo el país por médicos cubanos al parecer ha sido la mejor política pública que ha podido defender.

La Federación Médica Venezolana alertó que en el país se presenta un 95% de escasez de medicinas e insumos en los hospitales y cerca de un 90% de escasez en las farmacias. La actual ministra al mando asegura que la escasez de medicinas es de apenas 15%. Sin embargo, esta escasez de suministros ocurre al mismo tiempo en los que la escasez de alimentos básicos alcanza su mayor tope. En el Hospital Clínico Universitario no hay alimentos para el almuerzo de los niños, ni mucho menos para el de los padres, obligando a éstos a traer su propio almuerzo, incluso a bachaquear alimentos ya que no disponen de tiempo como para hacer una cola en algún supermercado. La crisis se evidenció aún más en la frontera con Colombia que aunque permanecía cerrada desde hace un año por el gobierno venezolano, logró abrirse bajo la presión de un grupo de ama de casas que rompieron el cerco. Las imágenes captadas por La Opinión Cúcuta de familias venezolanas inundando a Colombia para comprar medicinas y alimentos logró captar la atención del mundo entero.

Canal Humanitario

Varios grupos nacionales e internacionales están pidiendo al gobierno de Venezuela abrir canales humanitarios. Recibir en nuestro país medicinas y alimentos podrían salvar la vida de los más vulnerables. En mi formación como profesional de la salud nos vemos en la difícil tarea de hacer un buen trabajo con las pocas herramientas que tenemos disponibles, más aún enfrentados a una grave crisis de desabastecimiento y hambruna lo que dificulta aún más nuestro empeño por el bienestar de los venezolanos. Abrir los canales humanitarios y recibir la ayuda y materiales que tanto hacen falta es sin duda una solución a los problemas estructurales que tenemos en nuestros hospitales.

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