¡Un Guayoyo por favor!

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Negrito, con leche, colado, en greca, o en frío, en helado. Por la mañana o por la tarde, solo o acompañado de unas galletas. Al despertar o luego del almuerzo. En casa de mi madre o en la panadería, no importa como sea, ese olor nos conecta, es el olor de café.

Por Jose Fonseca

@JFonscaV

Cada día me levanto temprano, casi dormido hago el mayor esfuerzo para salir toscamente de la cama, por costumbre coloco la cafetera a funcionar. Luego voy a ducharme. Aunque el agua fría me despierta, la taza de café negro es lo que me termina de cargar las pilas. Creo que este rito de levantada lo tenemos más de una persona.

Hoy agarré mi maleta y me vine hasta la zona alta del estado Lara, muy cerquita de Portuguesa, vía a un hermoso pueblo llamado Chabasquen. Esta tierra fría, con bosques hermosos es la zona perfecta para el cultivo de ese fruto que cada mañana consumimos: el café.

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Cuenta una leyenda, que los árabes, que se dedicaban al pastoreo, cuando visitaban ciertas zonas, veían a sus cabras con mucha energía. Poco a poco investigaron que consumían y así llegaron al fruto de café, pero en la actualidad hay un procedimiento bien estructurado, trabajado y que a pesar de todos los avances algunos pasos son netamente manuales.

Desde la carretera, pude ver como algunos cafetaleros tienen secando su café. Algunos podrían decir que estas haciendas son un vestigio de los tiempos en que el oro negro que exportaba Venezuela era el café. A finales del siglo XIX Venezuela ocupaba uno de los principales peldaños en la exportación mundial de éste elixir energético. Con el descubrimiento del petróleo el producto dejó de ser tan preciado para los exportadores pero no dejó de ser un producto de primera necesidad en los hogares venezolanos.

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Hoy en día, la escasez y crisis económica de Venezuela ha puesto al café como uno de los productos más buscados. Sin embargo, la producción nacional existe y está vibrante en sitios como la Hacienda Rancho Grande, un espacio de historia, hermosura y calidez familiar. Y mi recorrido, en búsqueda de este producto inicia.

Lo primero es cultivar las plantas, es un cuidado de todo el año, cortar maleza, abonar, cuidado de que no entre plaga y preparar todo para la cosecha.  Una vez que el fruto aparece, todo el trabajo arranca realmente,  con paciencia y disciplina se recoge solo los frutos rojos. Este es un proceso manual y que dura un par de meses.

Luego de cargar las cestas de recolección, esto se lleva a una maquina de despulpe, esta maquita separa el grano de la pulpa y se deja en agua para hacer un lavado. Posteriormente, se lleva a secado. Este se puede hacer manual, en patios y dura como unos cuatros días a sol. En esta hacienda, actualmente se hace en una secadora y dura doce horas a máximo calor.

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Seguidamente, estos granos se llevan a un “trilladora” máquina que quita la última cáscara y deja solo la semilla, el café en este punto es verde. Se ensaca y se lleva a la empresa. Acá se tuesta el café, un procedimiento muy delicado que requiere de un conocedor,  debe reconocer olores, colores y sabor, conociendo las temperaturas y tiempos exactos, el olor en este punto es delicioso y al culminar tendremos unos granos marrones llenos de sabor.  Posteriormente, se  muele y se empaqueta.

Como vemos, es un proceso largo hasta que llegue este delicioso producto a nuestros hogares, requiere esfuerzo de nuestros campesinos y empresarios. Buenos días se dice con café, ese olor que cada mañana nos despierta.

Por mi parte, guardo en mi mochila un kilo de café, tomo algunas fotos, disfruto de una taza de café para agarrar fuerzas y seguimos en camino, para vernos en el próximo #ViajandoJuntos.

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