FAVIO: LA ESTÉTICA DE LA TERNURA – LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA.

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Leonardo Favio quizás sea conocido en Venezuela por su poesía, por su encantadora voz, su melodiosa manera de ver el amor a través de sus canciones. Pero lo que tal vez muchos desconozcan es que Favio primero que cantante fue cineasta, y primero que cineasta, romántico, amante, amador, no solo de las mujeres, si no de la vida, un hombre que amaba con fuerza la tierra en la que nació, ferviente activista político y observador de la condición social de las clases más pobres de su país, Argentina.

Por Daniel Dannery

@ddannery

Favio, es considerado uno de los precursores de la estética cinematográfica argentina, su cine cambió una forma de ver y enfrentar la condición humana a través de las imágenes. Sus orígenes humildes y su vocación de romántico izquierdista promovieron la creación de esa trilogía social conformada por “Crónica de un niño solo” (1964. Considerada la mejor película en la historia del cine argentino) “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…” (1966. El debut cinematográfico de ese extraordinario actor que es Federico Luppi) y “El dependiente” (1969. Su obra más absurda, oscura y satírica).

Favio consolidó una obra asombrosa que perdió impacto durante una década por su forzado exilio promovido por la dictadura de Videla, en la que fue un perseguido político, y que retomó con su retorno a la Argentina más de una década después. Algunas de estas vivencias se retratan en el documental de los hermanos Rodriguez, directores que focalizan su mirada en la obra cinematográfica de Favio.

Arte afiche Favio

La estética de la ternura, se presenta como un documento que hace recorrido por la primera obra del director argentino hasta su último trabajo en 2008 “Aniceto”. Los hermanos puntualizan sin crear mucha profundidad sobre cada una de estas historias, presentándonos extractos de las piezas, que van acompañadas constantemente con la intervención de algunos personajes contextualizan las ideas en torno al desarrollo o la historia de cada película de Favio.

Es así como nos vamos encontrando con los testimonios de Federico Luppi, Diego Puente (protagonista de Crónica de un niño solo) Nico Favio (su hijo) y la contada participación; de lo que fue en vida su última entrevista, de Leonardo Favio, uno de los mayores méritos del documental de los morochos Rodriguez.

Leonardo-Favio1

Aunque el criterio para mostrar la obra de Favio por parte de los directores venezolanos es claro, las intenciones se descuidan y dan por sentado el conocimiento de la obra del director lujanino, por parte del espectador, de esta manera la pieza se convierte en un producto destinado a un sector especifico: la cinefilia. Esto le resta impacto e interés al espectador común que no encontrará en Favio una didáctica sobre el personaje, si no un laberinto de intensiones, quizás si el estreno de este documental estuviese acompañado con una muestra de la obra completa de Leonardo Favio, la historia sería distinta.

Andrés y Luis Rodriguez, documentalistas que ya tienen a sus espaldas trabajos como Manos Mansas, Los sueños de Castillo, y su primer largometraje de ficción, Brecha en el silencio, se lanzan hacía una labor titánica y osada, hacer un documental sobre unos de los mejores cineastas latinoamericanos de nuestra historia reciente, sobreviviendo al intento, pero quedándose cortos en poesía visual, una que era necesaria para hablar de un poeta.

Sus constantes intervenciones “estéticas” en el desarrollo cronológico de la filmografía de Favio, contextualizando la pobreza actual para hacer contraste sobre los problemas sociales de la Argentina del pasado, si bien como discurso o intención ideológica sobre la inacción, funciona, pero por separado, quiebran el ritmo de una estructura que pareciera no haberse estudiado con calma, pues su inicial dilación, por ejemplo, se ve fracturada por un final que se va sintetizando y acortando desesperadamente minuto a minuto, hasta dar la sensación de ser una obra donde la necesidad de estreno nonato se cuela entre sus imágenes.

Finalmente, Favio, la estética de la ternura, funciona para complementar el cariño por un cineasta inmenso, uno como él mismo confiesa, sé sintió finalmente acompañado a lado de una cámara de cine, uno que vio en la miseria belleza y misericordia, y quizás es ahí donde radique su visión tierna como creador, delicada en su forma de retratar la crueldad de un sistema agónico, y con cierta sabiduría de saberse un hombre simple donde la necesidad de cambiar lo errado, es más una forma de reflexión sobre la naturaleza aborrecible del hombre y su oscuridad, y pues ante ello cualquier es propenso al llanto.

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